También llamada “El silencio de un hombre” se desarrolla en París, Jef Costello es un solitario sicario que trabaja bajo contrato. Es contratado para matar al dueño de un club y se convierte en el principal sospechoso del asesinato. No obstante, su coartada perfecta deja caer la acusación en su contra. Su novia Jane, su cliente y ciudadano por encima de cualquier sospecha Wiener y Valerie, la pianista del club y principal testigo del crimen, proporcionan las pruebas necesarias de su inocencia apoyando su coartada. Libre, es traicionado y perseguido por los gánsteres enviados por quien lo contrató y también por la policía, no convencido de su inocencia. Jef busca quién lo ha contratado para vengarse.
Seguidor declarado del cine negro americano de los años 30, Jean-Pierre Melville, director de la cinta, basó gran parte de su obra en recrear la esencia del antihéroe solitario que reflejaban filmes como ‘Las calles de la ciudad’ (City Streets, Rouben Mamoulian, 1931), ‘Hampa dorada’ (Little Caesar, Mervyn LeRoy, 1931) o ‘Scarface, el terror del hampa’ (Scarface, Howard Hawks y Richard Rosson, 1932). Todas las etapas de su filmografía ofrecen un retrato del concepto de ‘el hombre’, la exaltación de la virilidad así como de sus valores y camaradería; aspecto heredado de las propias vivencias de Melville en el frente francés en la II Guerra Mundial. Pese a que siempre fue denominado como “el más americano de los autores franceses”, la influencia de la industria estadounidense en su obra era más iconográfica que narrativa. Un aspecto en el que diverge del resto de sus compañeros de generación José Giovani y Henri Verneuil, fundadores oficiosos de ese subgénero llamado Polar, más centrados en el continente que en el contenido de los primeros ‘noir’. Es tiempo del gángster romántico, de pasado, presente y futuro siempre en el lindero que separa la huida y la muerte.
Estandarte del nombrado Polar francés, la undécima película de Melville recorre toda la topografía parisina a través de la triste mirada de un asesino a sueldo. Un profesional parapetado en un pequeño apartamento en el centro y acompañado por el monótono piar de un canario que como el protagonista solamente tiene su jaula. Jeff Costello (Delon) deja las palabras a un lado y sigue su propio código. Un especialista que mata por dinero y (sobre) vive en la sombra. Dotado de elegancia y atractivo, su relación con las mujeres se reduce a esporádicas visitas a una hermosa rubia (Nathalie Delon) que sirven como coartada a cada uno de sus trabajos. Paciente e inteligente, no existen fisuras en un universo estudiado al milímetro. Una situación que cambia tras ser engañado por la parte contratante de su último encargo. Algo que provocará que no solo sea perseguido por sus clientes, también por la gendarmería en una asfixiante caza. Solo quedan dos opciones: huir o morir.
La sombría geografía emocional de ‘El silencio de un hombre’ queda clara ya desde su inicio, con un bello plano secuencia y la cita que encabeza esta publicación. Es el dibujo de la tranquilidad que precede al método. En todo un ejercicio de magnetismo Alain Delon compone una de las grandes interpretaciones de su carrera. Un personaje irresistible y complejo avocado a convertirse en un icono tal como los protagonistas de las cintas que Melville admira. Jeff Costello es un homenaje a esos papeles personificados por Humphrey Bogart, James Cagney o Edward G. Robinson pero con estilo propio y sin renunciar a los estilemas de un cine previo a ese efervescente laboratorio llamado ‘Nouvelle Vague’. Costello logra encajar con todos los elementos que circundan el filme. Desde sus aliados hasta sus enemigos pasando por el urbanismo parisino. Una figura mimetizada con su entorno como si de un lienzo expresionista se tratara. Es química pura.
Un final de resonante poética. Movimientos pausados hasta llegar al ‘hall’ del club donde dio comienzo el último episodio. Allí, con mirada serena y dejando atónita a la joven encargada del guarda abrigos posa su sombrero. Ella le entrega su resguardo mientras le busca acomodo a su preciada prenda. Justo en ese momento, Costello abandona el resguardo en el mostrador – de forma sutil, casi a cámara lenta – y marcha valiente en busca de su destino. Un destino que aceptará de forma honorable. Cara a cara con esa ‘femme fatale’ eje de toda la trama y revólver en mano. Lo que esconde el tambor de éste es la llave del triunfo de Jeff Costello. Un triunfo desde la muerte.
La influencia de ‘El silencio de un hombre’ ha sido notoria en el cine contemporáneo. Autores como Quentin Tarantino o John Woo siempre se han sentido muy vinculados al estilo del director galo. Cintas como ‘The Killer’, de Jon Woo (1989), ‘León, el profesional’, de Luc Besson (1994) ‘Ghost Dog, el camino del samurái’, de Jim Jarmusch (1999), y, sobre todo, ‘Drive’, de Nicolas Winding Refn (2011) contienen parte de la esencia de este regio ejercicio de cine negro de Jean-Pierre Melville.
Ficha Técnica
Título Original: Le Samouraï
Título en Español: El Samurái / El silencio de un hombre
Año: 1967
Director: Jean-Pierre Melville
Guion: Jean-Pierre Melville, Georges Pellegrin (Basado en la novela de Joan McLeod)
Música: François de Roubaix
Fotografía: Henri Decaë
Producción: Filmel (París), CICC (Roma)
Reparto:
• Alain Delon como Jef Costello (el asesino a sueldo)
• François Périer como el Comisario
• Nathalie Delon como Jane Lagrange
• Cathy Rosier como Valérie (la pianista)

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