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22 de abril de 2026

Sin Aliento, 1960

 À bout de souffle (en español, Sin aliento o Al final de la escapada) es una película de la nueva ola francesa de 1960, dirigida por Jean-Luc Godard y protagonizada por Jean-Paul Belmondo, Jean Seberg, Daniel Boulanger y Jean-Pierre Melville.

La fotografía –realizada en blanco y negro– fue llevada a cabo por Raoul Coutard. La película no se rodó con un guion al uso ni tampoco tiene títulos de créditos con el equipo técnico y artístico y ganó el Oso de Plata a la mejor dirección en la edición de 1960 del Festival Internacional de Cine de Berlín.

Michel (Jean-Paul Belmondo) es un delincuente que, tras robar un coche en Marsella, emprende viaje a París para cobrar un dinero que se le adeuda y volver a ver a su amiga estadounidense, Patricia (Jean Seberg). En el camino, perseguido por la policía de tráfico, mata a un agente. Llega a París, pero no tiene dinero, por lo que recurre a varios amigos. Pasa su tiempo con Patricia, intentando convencerla de volver a acostarse con él, y de acompañarle a Roma. Los dos van de un lugar a otro, mientras Michel trata de recuperar su dinero y se oculta de la policía. Patricia duda acerca de sus sentimientos hacia él. Cuando descubre que lo está buscando la policía, empieza por ayudarle. Pero al final, para obligarse a alejarse de él, lo denuncia a la policía. Michel, cansado y enamorado, se niega a huir.

No existe un guion convencional de este film. La trama fue imaginada por François Truffaut a partir de un suceso real similar publicado en prensa: en 1952, Michel Portail, un delincuente de cuello blanco, expulsado de EE. UU. por asuntos turbios, con una novia periodista estadounidense llamada Beverly Lynette, se dedicaba a disfrutar de la buena vida del mundo del cine, conociendo a estrellas... La pareja vivía a toda velocidad y con intensidad hasta que en noviembre Michel robó un coche Ford Mercury y se marchó de la ciudad para visitar a su madre enferma en el norte de Francia. Durante el trayecto mató a un policía motorizado llamado André Grimberg. Finalmente fue arrestado por la policía y su caso tuvo repercusión en la prensa de entonces.

François Truffaut entregó la trama a su amigo Godard, quien escribió una vaga guía de filmación y la abandonó muy pronto para confiarse a su genio improvisador. En la película además hay diálogos, nombres de personajes, referencias y anécdotas relacionadas con el propio Godard y sus amistades. La personalidad de Michel, de hecho, podría estar inspirada en un amigo de Godard.

Sin aliento no es solo una obra cinematográfica, sino el gesto histórico que inauguró la modernidad en el cine y consolidó a Jean-Luc Godard como el estandarte de la época francesa en el 7mo arte.

Su surgimiento se explica a través de un denso caldo de cultivo intelectual en la posguerra francesa, marcado por la filosofía existencialista de Sartre y Merleau-Ponty, el auge de los movimientos antiimperialistas y la labor crítica en la revista Cahiers du Cinéma. Bajo la tutela de André Bazin, Godard y sus contemporáneos intelectualizaron la actividad cinematográfica, rescatando figuras como Hitchcock y Welles bajo la "Teoría del Autor" para reivindicar el cine como una forma de arte personal y legítima.

Michel (Jean-Paul Belmondo) es una marca distintiva de los personajes de Godard. Seres ambulantes, caprichosos y perdidos cuyas motivaciones internas resultan inaccesibles incluso para ellos mismos. En la trama Michel es un ladrón que mata a un policía y busca a Patricia (Jean Seberg), una aspirante a escritora, para que huya con él a Italia. Más allá de este mini argumento, la trama no siempre busca una consecuencia lógica. Este recurso convierte a la película en una herramienta de revolución política desde la forma audiovisual.

Sin aliento representa una ruptura radical con el Modo de Representación Institucional  o cine clásico. Al prescindir de un guion estructurado y optar por un equipo de trabajo reducido, Godard sacó la cámara a la calle, aprovechando la ligereza del formato 16 mm para filmar en espacios naturales y paisajes urbanos. Esta libertad técnica permitió una experimentación estética sin precedentes: el uso de la cámara en mano, la fragmentación del espacio-tiempo y la célebre ruptura de la cuarta pared —donde los personajes interpelan directamente al espectador—. Recursos que transformaron al filme en un constructo que se reconoce a sí mismo como ficción. Es, en palabras del autor, "cine real" porque no intenta ocultar su naturaleza de artificio.

El legado de la película reside en su capacidad para cuestionar la noción de "realidad" mediante la experimentación constante. Al desarticular la narrativa tradicional e introducir recursos como la cita cinéfila y la parodia de géneros, Godard erigió una pieza fundamental de la vanguardia de los años sesenta y estableció un lenguaje rupturista; este sigue siendo la base de todo cine contemporáneo con vocación antisistema. La película permanece como testimonio de una época en la que el arte se propuso transformar los medios de expresión en una nueva forma de pensar el mundo. Como diría el propio Jean-Luc: "El cine no es un arte que filma la vida, el cine está entre el arte y la vida". 

Ficha Técnica

Título Original: À bout de souffle (conocida también como Al final de la escapada).

Año: 1960.

Dirección: Jean-Luc Godard.

Guion: Jean-Luc Godard (sobre un argumento de François Truffaut).

Producción: Georges de Beauregard, Impéria Films, SNC.

Fotografía: Raoul Coutard (Blanco y Negro).

Edición (Montaje): Cécile Decugis.

Música: Martial Solal.

Reparto Principal

Jean-Paul Belmondo como Michel Poiccard / Laszlo Kovacs.

Jean Seberg como Patricia Franchini.

Daniel Boulanger como Inspector Vital.

Jean-Pierre Melville como Parvulesco. 


21 de abril de 2026

El Círculo rojo, 1970

Dirigida por Jean-Pierre Melville y protagonizada por Alain Delon. El protagonista ha cumplido su condena en una prisión de Marsella y debe enfrentarse de nuevo a la sociedad, pero junto a Vogel (Gian Maria Volonté), un prófugo de la justicia, y para vengarse de su encarcelamiento, se traslada a Paris para robar a Rico, el jefe de la banda a la que pertenecía antes de dar con sus huesos en la cárcel; por supuesto, su antiguo jefe va a intentar por todos los medios que no se salga con la suya. También son perseguidos por el policía Mattei que, con la colaboración de Santi, el dueño de un club nocturno, les tiende una trampa.

"El círculo rojo" no puede considerarse una película más que pueda encuadrarse dentro del estilo del género de cine negro del período norteamericano. Jean-Pierre Melville imprime a los tres principales personajes de este film un carácter profundamente dramático, de raíces nietzscheanas, con una moral de "superhombre", donde el honor adquiere una dimensión de tragedia griega y el héroe, al igual que un samurai herido en su dignidad, no tiene más que una salida: la muerte. De nuevo, una vez más, el tándem Melville-Delon funciona a la perfección; como el engranaje de una bomba de relojería, dispuesto para provocar la explosión en el momento más inesperado para el espectador.

La trilogía de J.P. Melville, "El samurai", "El círculo rojo" y "Crónica negra", representa la subversión de la ética en el género policíaco y, también, la integración en el cine occidental de ciertos valores morales pertenecientes a la filosofía oriental; y todo ello expresado con una nueva estética en el lenguaje visual de la construcción fílmica: la esencialidad.

En "El círculo rojo" los arquetipos melvillianos crean el patrón impuesto a sus personajes. Una lógica implacable determina sus movimientos: los confidentes cederán siempre ante los chantajes policiales y colaborarán con quienes les extorsionan; los truhanes guardarán mudo silencio; los comisarios e inspectores interrogarán sin ninguna esperanza de éxito a éstos y chantajearán a aquellos; el resto de personajes deberá mentir si quiere seguir viviendo. Nada es fortuito.

Es curioso que, en estas tres películas de cine negro europeo, haya sido Alain Delon el héroe moderno, escogido por el director como hilo conductor, capaz de crear, y transmitir, la ambigüedad y el hermetismo, necesarios en el ambiente. Probablemente, el propio actor francés -- a quien Visconti hizo que riera en "El Gatopardo", y llorase en "Rocco y sus hermanos"; mientras Melville consigue en "El Circulo rojo", que permanezca serio y frío, como el hielo -- no se haya dado cuenta, aún, de las tres joyas melvillianas que ha dejado para la posteridad dentro de la historia del cine. Tampoco la crítica cinematográfica ha reconocido, suficientemente, la sensibilidad y el carisma de Delon. Como ocurre siempre, con el paso del tiempo, la mirada retrospectiva utiliza la objetividad sin prejuicios; y, en la actualidad, tanto el público aficionado al cine, como la crítica más moderna, están situando a este gran actor en el lugar que se merece.

El maestro del cine japonés, Kurosawa, gran conocedor de los códigos y las costumbres de los samurais, también, tendría mucho que decir -- por alguna afinidad, no desvelada todavía -- sobre las extraordinarias obras policíacas de Jean-Pierre Melville. Si el destino no pudo conseguir que estos dos grandes cineastas tuvieran un encuentro en el pasado, ambos están, en mi opinión, sin que lo hayan sabido nunca, dentro del mismo "círculo rojo" conceptual de inspiración artística.

La acción dramática principal tiene lugar en Marsella y París, a lo largo de unas pocas semanas, en el invierno de 1970. Vogel (Volonté), criminal italiano recién huido de la policía; Corey (Delon), que acaba de ser puesto en libertad condicional tras 5 años de prisión; y Jansen (Montand), antiguo policía, alcohólico con deseos de reinserción, se asocian para cometer un robo en una joyería de la Plaza Vendôme, de París. Anda tras sus pasos el comisario Mattei (Bouvril). Corey es un ladrón de modales distinguidos y formas refinadas, frío y hermético. Es el líder del grupo. Vogel es un asesino de sangre fría, que carece de escrúpulos y cuenta con un extenso historial delictivo. Jansen es un personaje solitario y alcohólico, de pasado oscuro. Mattei, natural de Córcega y amante de los gatos, es astuto, tenaz y perseverante. No tiene reparos en extorsionar a los delatores para obtener la información que busca.

El film, que suma crimen y thriller, es uno de las mejores obras del polar francés (cine negro francés). Se basa en un guion ingenioso, bien concebido y construido con gran sentido del ritmo y la intriga. Destaca su sobriedad, elegancia y precisión. Desarrolla una historia esencialista, depurada y estilizada, de gran fuerza expresiva. Construye unos protagonistas coherentes, bien diferenciados y verosímiles. Crea una atmósfera densa, que envuelve la acción en un clima de fatalismo y tragedia. Presta gran atención a los detalles, sobre todo en la extensa y minuciosa escena del atraco, de unos 15 minutos de duración. Como en otros trabajos del autor, los personajes no se dividen en buenos y malos: todos ellos suman componentes positivos y negativos, lo que permite establecer líneas de equivalencia entre la policía y los malhechores. Llevado de su habitual misantropía, el realizador crea una obra en la que todos los personajes principales son varones. Reserva a la mujer papeles de bailarina, auxiliar, prostituta, amante y similares. Ofrece una escena de desnudo femenino destinada a satisfacer los gustos del público masculino, grata pero innecesaria y que no dignifica a la mujer.

El motor de la acción no es la lucha entre el bien y el mal, sino entre la eficacia del trabajo realizado con rigor y el de quienes se basan en maquinaciones, manipulaciones, abusos de poder, extralimitaciones y el uso ilegal de violencia física, psíquica y emocional. La obra atrapa la atención del espectador. El relato es interesante, se expone con habilidad y presenta un crescendo dramático dosificado con precisión inusual.

Círculo rojo es auténtico cine negro francés. Un cine de caracteres más que fríos, gélidos. Cine polar de gestos helados como témpanos, donde hasta el ademán de encender un cigarrillo dura la eternidad de una reflexión. Cine donde las motivaciones resultan presuntas hasta que una mirada o una bala las confirman o las desmienten. Cine donde los silencios solo admiten las palabras ciertamente imprescindibles. Es esa clase de cine de autor que precisa la complicidad del espectador para alcanzar su perfección. Melville tiene su "toque" como lo tuvo Lubitsch en la comedia. Ambos distintos, pero ambos buscando al espectador inteligente.

Magistral la escena del atraco a la joyería. Tan magistral en sí misma como preludio de un desenlace anunciado. ¿Anunciado, por quién? Melville no lo ha hecho. Sin duda es algo de nuestra propia cosecha. Algo anticipado en las criaturas de los armarios que obsesionan a Jansen (Ives Montand). Algo escondido en las rutinas policiales. En los confidentes. En los garitos. En la marihuana. En esa fatalidad que parece acompañar a Corey (Delon) y a Vogel (Volonté) Algo enterrado en las ideas de Nietzsche: Los hombres nacen inocentes. Después todos son culpables. Pero seguimos viendo la película, porque lo importante no es el desenlace, ni siquiera el nudo. Lo importante es nuestra comunión con Melville. Sentir que juega con nosotros y que encima nos gusta.

Alain Delon, Ives Montand, Volonté, Bourvil: Perfectos en sus actuaciones. 

Ficha Técnica

Título Original: Le cercle rouge

Año: 1970

Director y Guionista: Jean-Pierre Melville

Género: Policial, Cine Negro (Film Noir)

Fotografía: Henri Decaë (Color)

Música: Éric Demarsan

Elenco Principal

Alain Delon como Corey

Bourvil como Comisario Mattei

Gian Maria Volontè como Vogel

Yves Montand como Jansen 

20 de abril de 2026

El Samurai, 1967.

 

También llamada “El silencio de un hombre” se desarrolla en París, Jef Costello es un solitario sicario que trabaja bajo contrato. Es contratado para matar al dueño de un club y se convierte en el principal sospechoso del asesinato. No obstante, su coartada perfecta deja caer la acusación en su contra. Su novia Jane, su cliente y ciudadano por encima de cualquier sospecha Wiener y Valerie, la pianista del club y principal testigo del crimen, proporcionan las pruebas necesarias de su inocencia apoyando su coartada. Libre, es traicionado y perseguido por los gánsteres enviados por quien lo contrató y también por la policía, no convencido de su inocencia. Jef busca quién lo ha contratado para vengarse.

Seguidor declarado del cine negro americano de los años 30, Jean-Pierre Melville, director de la cinta, basó gran parte de su obra en recrear la esencia del antihéroe solitario que reflejaban filmes como ‘Las calles de la ciudad’ (City Streets, Rouben Mamoulian, 1931), ‘Hampa dorada’ (Little Caesar, Mervyn LeRoy, 1931) o ‘Scarface, el terror del hampa’ (Scarface, Howard Hawks y Richard Rosson, 1932). Todas las etapas de su filmografía ofrecen un retrato del concepto de ‘el hombre’, la exaltación de la virilidad así como de sus valores y camaradería; aspecto heredado de las propias vivencias de Melville en el frente francés en la II Guerra Mundial. Pese a que siempre fue denominado como “el más americano de los autores franceses”, la influencia de la industria estadounidense en su obra era más iconográfica que narrativa. Un aspecto en el que diverge del resto de sus compañeros de generación José Giovani y Henri Verneuil, fundadores oficiosos de ese subgénero llamado Polar, más centrados en el continente que en el contenido de los primeros ‘noir’. Es tiempo del gángster romántico, de pasado, presente y futuro siempre en el lindero que separa la huida y la muerte. 

Estandarte del nombrado Polar francés, la undécima película de Melville recorre toda la topografía parisina a través de la triste mirada de un asesino a sueldo. Un profesional parapetado en un pequeño apartamento en el centro y acompañado por el monótono piar de un canario que como el protagonista solamente tiene su jaula. Jeff Costello (Delon) deja las palabras a un lado y sigue su propio código. Un especialista que mata por dinero y (sobre) vive en la sombra. Dotado de elegancia y atractivo, su relación con las mujeres se reduce a esporádicas visitas a una hermosa rubia (Nathalie Delon) que sirven como coartada a cada uno de sus trabajos. Paciente e inteligente, no existen fisuras en un universo estudiado al milímetro. Una situación que cambia tras ser engañado por la parte contratante de su último encargo. Algo que provocará que no solo sea perseguido por sus clientes, también por la gendarmería en una asfixiante caza. Solo quedan dos opciones: huir o morir.

La sombría geografía emocional de ‘El silencio de un hombre’ queda clara ya desde su inicio, con un bello plano secuencia y la cita que encabeza esta publicación. Es el dibujo de la tranquilidad que precede al método. En todo un ejercicio de magnetismo Alain Delon compone una de las grandes interpretaciones de su carrera. Un personaje irresistible y complejo avocado a convertirse en un icono tal como los protagonistas de las cintas que Melville admira. Jeff Costello es un homenaje a esos papeles personificados por Humphrey Bogart, James Cagney o Edward G. Robinson pero con estilo propio y sin renunciar a los estilemas de un cine previo a ese efervescente laboratorio llamado ‘Nouvelle Vague’. Costello logra encajar con todos los elementos que circundan el filme. Desde sus aliados hasta sus enemigos pasando por el urbanismo parisino. Una figura mimetizada con su entorno como si de un lienzo expresionista se tratara. Es química pura.

Un final de resonante poética. Movimientos pausados hasta llegar al ‘hall’ del club donde dio comienzo el último episodio. Allí, con mirada serena y dejando atónita a la joven encargada del guarda abrigos posa su sombrero. Ella le entrega su resguardo mientras le busca acomodo a su preciada prenda. Justo en ese momento, Costello abandona el resguardo en el mostrador – de forma sutil, casi a cámara lenta – y marcha valiente en busca de su destino. Un destino que aceptará de forma honorable. Cara a cara con esa ‘femme fatale’ eje de toda la trama y revólver en mano. Lo que esconde el tambor de éste es la llave del triunfo de Jeff Costello. Un triunfo desde la muerte.

La influencia de ‘El silencio de un hombre’ ha sido notoria en el cine contemporáneo. Autores como Quentin Tarantino o John Woo siempre se han sentido muy vinculados al estilo del director galo. Cintas como ‘The Killer’, de Jon Woo (1989), ‘León, el profesional’, de Luc Besson (1994) ‘Ghost Dog, el camino del samurái’, de Jim Jarmusch (1999), y, sobre todo, ‘Drive’, de Nicolas Winding Refn (2011) contienen parte de la esencia de este regio ejercicio de cine negro de Jean-Pierre Melville.

Ficha Técnica

Título Original: Le Samouraï

Título en Español: El Samurái / El silencio de un hombre

Año: 1967

Director: Jean-Pierre Melville

Guion: Jean-Pierre Melville, Georges Pellegrin (Basado en la novela de Joan McLeod)

Música: François de Roubaix

Fotografía: Henri Decaë 

Producción: Filmel (París), CICC (Roma) 

Reparto:

Alain Delon como Jef Costello (el asesino a sueldo)

François Périer como el Comisario

Nathalie Delon como Jane Lagrange

Cathy Rosier como Valérie (la pianista)


17 de abril de 2026

Y nos fuimos a Francia…

 El cine francés de la década de 1960 estuvo dominado por la llamada Nueva Ola, un movimiento revolucionario que rompió con las convenciones del cine tradicional para priorizar la libertad creativa y la expresión personal del director como "autor". Esta época se distinguió por innovaciones técnicas y narrativas que buscaban mayor realismo y frescura, entre ellos:

Rodaje en exteriores: Uso de escenarios reales, como las calles de París, en lugar de estudios.

Técnicas experimentales: Introducción de cámaras ligeras, luz natural, edición discontinua (jump cuts) y ruptura de la cuarta pared.

Narrativa moderna: Tramas abiertas con finales ambiguos, diálogos a veces improvisados y personajes jóvenes que reflejaban las ansiedades sociales de la posguerra.

Bajos presupuestos: Producciones más baratas y flexibles que permitieron el debut de decenas de nuevos directores

Entre las películas más significativas de esa década están:

Director /  Película destacada /       Año       /Descripción breve

* Jean-Luc Godard À bout de souffle (Sin aliento) 1960 Obra fundacional que rompió las reglas de montaje.

* François Truffaut Tirez sur le pianiste (Disparen sobre el pianista) 1960 Fusión de géneros entre el drama y el cine negro.

* Agnès Varda Cléo de 5 à 7 (Cleo de 5 a 7) 1962 Retrato en tiempo real de una cantante esperando resultados médicos.

* Jacques Demy Les Parapluies de Cherbourg 1964 Musical operístico recordado por su uso del color y Catherine Deneuve.

* Jean-Pierre Melville Le Samouraï (El silencio de un hombre) 1967 Drama criminal minimalista protagonizado por Alain Delon.

Esta década consolidó actores que se convirtieron en internaciones y elevaron el papel cine francés. Entre ellos están:

Alain Delon: El rostro de la masculinidad intensa y misteriosa.








Jean-Paul Belmondo: Conocido por su estilo rebelde y naturalista.









Catherine Deneuve: Catapultada al estrellato por su trabajo con Demy.










Louis de Funès








Brigitte Bardot: Icono de belleza y provocación en películas como Le Mépris.

Anna Karina: Musa de la Nouvelle Vague y figura clave en el cine de Godard. 

Jean-Louis Trintignant

Gérard Depardieu

Jeanne Moreau

Romy Schneider

Simone Signoret

Annie Girardot 

Jean Gabin

Yves Montand

También habían una serie actores(as) de reparto muy profesionales y conocidos internacionalmente: Jean Marais, Philippe Noiret, François Périer, etc.

En este blog comentaremos próximamente algunas películas de esta década


4 de abril de 2026

Alguien voló sobre el nido del cuco, 1975


Conocida también por Atrapado sin salida, trata sobre un estafador llamado Randle McMurphy,el ejemplo de una persona excéntrica que no es capaz de adaptarse a las normas de la clase dirigente. Su última condena fue por haber practicado sexo con una menor de edad que le había asegurado que tenía dieciocho años. “Estaba tan caliente que tendría que haberme cosido los pantalones”, se justifica. Es capaz de defecar en el suelo para aparentar estar lo suficientemente loco como para evitar las tareas carcelarias. Por este motivo, el tribunal le envía a un hospital psiquiátrico donde tiene que luchar con el infinito poder de la diabólica enfermera jefe, Ratched.

Se defiende a sí mismo y también a los demás pacientes encabezados por un indio mudo, Bromden; por un neurótico, Billy Bibbit; por un soñador llamado Martini o por el infantiloide Charlie Cheswick. Les enseña a desear de nuevo la libertad y la vida que hay detrás de las paredes del burocrático manicomio. Organiza una fiesta para emborracharse, insiste en que puedan ver la final del Mundial de béisbol, porque hasta los completamente locos tienen derecho a un poco de diversión. No obstante, no se da cuenta de que el peor loco es su adversario de cara angelical.

Después de su debut americano Juventud sin esperanza, el director Milos Forman pasó unos años buscando en vano nuevo material para su siguiente película. Sufrió mucho económica y profesionalmente. Sin embargo, durante este período tiene lugar un cambio brusco en el estilo de Milos Forman. En efecto, logra despegarse de las tragicomedias de carácter checo y concentrarse en los dramas cargados de connotaciones psicológicas, que le abrieron el camino para hacerse valorar realmente delante del público estadounidense.

Su segunda oportunidad llegó en el momento en el que el actor y productor, Michael Douglas, le ofreció hacer una película basada en esta novela de culto de Ken Kesey del año 1962. La película, que se rodó como producción independiente, sorprendió a todos los que trabajaron en ella, ya que recaudó, en el mundo entero, casi 300 millones de dólares y pasó a ser la séptima película más rentable de su tiempo. Desde el estreno de la película de Frank Capra Lo que sucedió aquella noche (It Happened One Night, 1934), fue la primera película en ganar premios Óscar en todas las categorías principales. Esto lo consiguió también, unos veinte años después, la película El silencio de los corderos (The Silence of the Lambs, 1991).

La película, basada en  la novela homónima de 1962 de Ken Kesey, está protagonizada por Jack Nicholson como un nuevo paciente en una institución mental y Louise Fletcher como la enfermera jefe abusiva. Will Sampson , Danny DeVito , Sydney Lassick , William Redfield , Christopher Lloyd y Brad Dourif interpretan papeles secundarios, siendo los dos últimos sus debuts en largometrajes y Sampson nunca había actuado antes, mención aparte por su actuación:

Tras meses de audiciones sin éxito, el giro llegó casi por casualidad. Después de una larga búsqueda, la producción encontró al hombre que parecía salido de las páginas de la novela de Ken Kesey. No buscaba la fama, y mucho menos Hollywood. Era un vaquero de rodeo y pintor llamado Will Sampson, ocupado en su propia vida.

Pero para quienes intentaban sacar adelante la película, este hombre muscogui de gran estatura parecía un milagro. Durante meses, la producción de Alguien voló sobre el nido del cuco se había atascado porque no lograban encontrar a su “Jefe”. Necesitaban a un hombre imponente que pudiera compartir pantalla con Jack Nicholson sin quedar opacado. Cuando vieron a Sampson, supieron que la búsqueda había terminado.

Cuando finalmente llevaron a Sampson y le ofrecieron el papel, no reaccionó con euforia ni como alguien deslumbrado por las estrellas. Lo aceptó con una calma silenciosa y firme. Era la misma dignidad que acabaría llevando a la pantalla: una autenticidad que muchos actores formados durante años no podían imitar.

En el rodaje, Will Sampson se convirtió en una presencia serena. Los que han visto la película, saben que interpreta a un hombre que finge ser sordo y mudo en un hospital psiquiátrico. Fuera de cámara, también imponía por su tranquilidad. Mientras Miloš Forman perseguía cada detalle y Jack Nicholson irradiaba una energía arrolladora, Sampson era el centro de calma en medio de todo.

Casi parecía una figura espiritual para parte del equipo. Aunque su fama crecía con rapidez, nunca olvidó quién era. En una ocasión dijo que no era un actor que pintaba, sino un pintor que actuaba. Para él, el arte era su vida, y el cine solo otra forma de contar una historia.

Su compromiso con su herencia iba mucho más allá de los personajes que interpretaba. Will era un pintor talentoso que usaba sus pinceles para mostrar la vida real y las tradiciones de los pueblos indígenas. No quería que los suyos siguieran siendo vistos como salvajes o como simples figuras de fondo, como tantas veces ocurría en los viejos wésterns.

Quería que se los viera como seres humanos, con historia, dignidad y una vida espiritual profunda. Por eso dio un paso importante para su comunidad al ayudar a impulsar el American Indian Registry for the Performing Arts. Quería que los intérpretes indígenas recibieran oportunidades justas y que sus historias se contaran con respeto, no a través de estereotipos.

Incluso en otros rodajes, como cuando trabajó en la película de terror Poltergeist II: The Other Side, muchas personas acudían a él en busca de guía espiritual. Existe una historia muy conocida según la cual realizó rituales de purificación en el set para alejar las energías negativas.

Con el tiempo, algunos empezaron a verlo como una figura de gran fuerza espiritual en Hollywood, alguien cuya presencia parecía ir más allá de recitar un guion. No solo interpretaba a un gran jefe en pantalla: transmitía esa autoridad humana también fuera de ella.

Por desgracia, el tiempo de Will bajo los focos fue demasiado breve. En los años ochenta comenzó una dura batalla contra la esclerodermia, una enfermedad autoinmune que puede afectar órganos y tejidos del cuerpo. Luchó con valentía e incluso se sometió a un arriesgado trasplante combinado de corazón y pulmón, una intervención todavía excepcional en aquella época. Murió en 1987, a los 53 años.

Pero una figura como Will Sampson no desaparece del todo. Cada vez que alguien ve el final de Alguien voló sobre el nido del cuco y lo observa arrancar del suelo el pesado lavabo para abrirse paso hacia la libertad, está viendo un símbolo inolvidable.

Anunciada originalmente en 1962 con Kirk Douglas como protagonista, la película tardó 13 años en desarrollarse.  El rodaje finalmente comenzó en enero de 1975 y duró tres meses, en locaciones de Salem, Oregón , y sus alrededores, y en Depoe Bay , en la costa norte de Oregón . Los productores filmaron la película en el Hospital Estatal de Oregón , un hospital psiquiátrico real, que también es el escenario de la novela. El hospital aún está en funcionamiento, aunque los edificios originales de la película han sido demolidos. La película se estrenó el 19 de noviembre de 1975.

Alguien voló sobre el nido del cuco recibió elogios de la crítica y es considerada por críticos y público como una de las mejores películas jamás realizadas . Es la segunda de tres películas en ganar los cinco premios principales de la Academia ( Mejor película , Mejor actor , Mejor actriz , Mejor director y Mejor guion adaptado ), después de Sucedió una noche (1934) y antes de El silencio de los corderos (1991 ). Ganó numerosos Globos de Oro y premios BAFTA . En 1993, la película fue considerada "cultural, histórica o estéticamente significativa" por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y seleccionada para su preservación en el Registro Nacional de Cine . Además, Alguien voló sobre el nido del cuco ocupó el puesto número 33 en la lista actualizada de 100 años... 100 películas del American Film Institute en 2007.

Entre los pacientes se encuentran el joven, ansioso y tartamudo Billy Bibbit; Charlie Cheswick, propenso a los berrinches; Martini, con delirios y comportamiento infantil; el elocuente y reprimido Dale Harding; el beligerante y blasfemo Max Taber; los epilépticos Jim Sefelt y Bruce Fredrickson; el tranquilo pero violento Scanlon; el alto y sordomudo nativo americano Chief Bromden; y varios otros con afecciones crónicas.

Ratched ve la presencia vivaz y rebelde de McMurphy como una amenaza a su autoridad, a lo que responde confiscando y racionando los cigarrillos de los pacientes y suspendiendo sus privilegios para jugar a las cartas. McMurphy se ve envuelto en una lucha de voluntades contra Ratched. Una noche, apuesta con los demás internos a que puede escapar arrancando una fuente de hidroterapia de su base y arrojándola por una ventana cerrada con llave, pero, como era de esperar, es incapaz de levantarla. Poco después, secuestra un autobús chárter, recoge a su novia Candy y escapa con varios pacientes para robar un barco de pesca recreativa, exponiéndolos al mundo exterior y animándolos a descubrir sus habilidades y a ganar confianza en sí mismos.

Después de que un celador le dice que su condena no se aplica en el centro psiquiátrico y puede volverse indefinida, McMurphy se pregunta por qué nadie se lo había dicho antes. También se entera de que Chief, Taber y él son los únicos pacientes no crónicos que han sido internados involuntariamente; los demás se han internado voluntariamente, pero tienen demasiado miedo para irse. Después de que Cheswick sufre un ataque y le exige sus cigarrillos a Ratched, McMurphy comienza una pelea con los celadores, y Chief interviene para ayudarlo.

Premios

5 Oscars: Película, director, actor (Nicholson), actriz (Fletcher), guion adaptado

5 Globos de Oro: Película, director, actor (Nicholson), actriz (Fletcher), guion adaptado

Premios BAFTA: 6 Premios incluyendo mejor película, director y actor. 

Premios César: Nominada a Mejor Película Extranjera

Ficha Técnica:

Título Original: One Flew Over the Cuckoo's Nest (Alguien voló sobre el nido del cuco).

Dirección: Miloš Forman.

Año: 1975.

Género: Drama / Comedia dramática.

Guion: Lawrence Hauben, Bo Goldman (Basado en la novela de Ken Kesey).

Elenco Principal:

Jack Nicholson como Randle P. McMurphy.

Louise Fletcher como la Enfermera Ratched.

Brad Dourif como Billy Bibbit.

Danny DeVito como Martini.

Christopher Lloyd como Taber.

Will Sampson como el jefe Bromden.

Producción: Saul Zaentz, Michael Douglas.

Fotografía: Haskell Wexler, Bill Butler.

Música: Jack Nitzsche.


28 de marzo de 2026

Y llegamos a Japón...

Yojimbo, 1961, es una de las obras maestras de la cinematografía mundial y una de las cintas más recordadas de su autor, el gran Akira Kurosawa. Con ella, no sólo volvió a renovar el cine de samuráis, sino que provocó una avalancha de imitaciones que también cambiaron otros géneros completamente diferentes. Se estrenó en Cuba con el nombre de "El Bravo" en los primeros años de la decada del 60 cuando comenzaron a entrar las películas rusas, rumanas, polacas, etc y también las japonesas. La ví por primera vez siendo un niño en mi ciudad natal, Matanzas, alrededor de 1963-64.

El anterior Filme de Kurosawa no fue bien acogido comercialmente (La fortaleza escondida, de 1958) incidió en que la gran productora japonesa Toho le hizo rechazo a producir Yojimbo, es por eso que Kurosawa tuvo que fundar su propio sello y con él empezó a planificar lo que sería la primera película del catálogo. 

Kurosawa presentó entonces un díptico, Yojimbo (También traducida por Mercenario) y su secuela Sanjuro (Tsubaki Sanjūrō, 1962). Revolucionó así el cine de samuráis una vez más gracias a la concepción de anti-héroe con la que se diseñó al samurái errante, al ronin sin nombre interpretado por Toshiro Mifune.

Ya en la década que va desde 1920 hasta 1930, los filmes japoneses comenzaron a presentar espadachines aventureros y diestros en el manejo de la espada. Las razones de por qué hasta Yojimbo esta imagen no tuvo su impacto son casi evidentes, desilusión, cinismo y la percepción de un mundo más realista debido a la Segunda Guerra Mundial, la consecuente ocupación americana, la Guerra del Vietnam y las revueltas universitarias que tuvieron mayor impacto en Japón que en Estados Unidos».

La conmoción producida por Yojimbo también hay que buscarla en el hecho de que en la época de su estreno y sobre todo en los años siguientes, la prensa internacional sólo estudiaba o promocionaba los largometrajes japoneses proyectados en Estados Unidos y en festivales internacionales. Estos eran los de la Toho y la Daiei en su gran mayoría, obviando el material de otras empresas como la Toei cuyas películas, a lo mejor, se habían adelantado en los supuestos planteamientos nuevos de la obra de Kurosawa.

Como decía, Kurosawa planteó Yojimbo como una burla a estos largometrajes que pivotaban sobre el código de honor yakuza replanteado para ser mostrado en la gran pantalla. Así, el argumento transcurre en una ciudad fantasmagórica que los operarios construyeron tomando como modelo los decorados de los estudios de la Toei Land/Eiga Mura, con la salvedad de que el alto presupuesto les permitió que el realismo conseguido escapara del cartón y piedra denotado en los filmes de Kioto. Por ejemplo, la anchura de la calle principal se alargó enormemente para que Kurosawa no tuviese problemas a la hora de introducir a todos los personajes en los encuadres del filme.

El pueblo es habitado por dos facciones de gánsteres que desean mangonear al forastero interpretado por Mifune, un ronin cuya habilidad con la katana puede ayudarles a acabar con el contrario. Todo ello sin saber que el propio trotamundos está metiendo cizaña entre ambas partes para beneficio propio o sólo por diversión.

Los grupos están constituidos por personajes atípicos e inolvidables que concretan ese tono humorístico y de parodia en un tono casi surrealista heredado según algunos de la obra de Charles Dickens (otros críticos, por el contrario, aluden a Federico Fellini como fuente de inspiración).

El extraño se las tendrá que ver con yakuza grotescos de una única ceja, gigantones que portan grandes mazos, gánsteres con el tatuaje impreso en la frente, prostitutas que no saben bailar y que no son agraciadas físicamente para resaltar el realismo y contrastar la imagen con la belleza de ídolos propuestos por la Toei así como con una serie más de personajes de cómic cuya esencia hay que buscarla en las creaciones del manga que por aquel entonces ya estaba causando furor en Japón.

Pero la caracterización de Mifune como el gran samurái es el elemento que causó mayor perplejidad. Reconociendo que ha perdido el nombre de pila al convertirse en un ronin, el guerrero se ha cristianizado como Sanjuro, que en japonés significa «30 años», aunque el mismo personaje matizará que «me encuentro en los 40».

La estrella dejará de lado su habitual sobreactuación para aportar a Sanjuro unos movimientos recreados, entre los cuales destacan esa manera de rascarse el cogote o de mecerse el cabello y, sobre todo, de tocarse la barbilla mientras piensa en algo. Del mismo modo, será muy mencionado el tic de espalda que realiza, sobre todo en la secuela y que en teoría es el mismo espasmo ejecutado por los lobos cuando van a atacar. Estas aportaciones de Mifune son tan clásicas como los propios filmes que las contienen. Además, mantendrá su increíble fuerza y agilidad, en secuencias donde su personaje es capaz de acabar con una decena de adversarios en pocos segundos y en apenas un par de movimientos de cámara, o de destrozar el interior de un granero sin la ayuda de nadie.

De la misma manera, la interpretación del principal contendiente de Sanjuro, Unosuke, un pistolero al que da vida Nakadai Tatsuya, recibió grandes aplausos por venir concretado por una serie de registros delirantes, a cada cual más juguetón. Unosuke no quita el brazo del yukata para mostrar su arma de fuego, sino que la exhibe sacando la mano a la altura del pecho, dejando la manga libre completamente suelta.

Por otro lado, el personaje ocupa siempre los planos como un enloquecido que parece centrar su atención en todo, sin soltar una sonrisa diablesca propia de un monstruo de historieta. Nakadai demostró una gran profesionalidad porque el actor es bastante conocido por su profusión a la hora de abrir sus ojos saltones y resulta que en Yojimbo, se utilizaron toneladas de arena esparcidas por máquinas y ventiladores para aportar un ambiente desértico a la localización. El actor, así como Mifune, no se quejó cuando Kurosawa ordenó que no se pestañease, sobre todo en el duelo final.

En un principio y aunque ya había hecho un cameo de dos segundos en Los 7 samuráis (Shichinin no samurai, 1954), el director no quería a Nakadai para el papel. Esto era debido a que el joven se estaba convirtiendo en uno de los ídolos para masas gracias a su participación en la monumental trilogía iniciada por La condición humana I: no hay amor más grande (Ningen no jōken, 1959) de Kobayashi Masaki, y Kurosawa deseaba trabajar con actores de su «familia».

Pero tuvo que reconocer que su labor fue indispensable para convertir a Yojimbo en la obra maestra que es y así, ya para la secuela, no dudó en contratarlo. En esta secuela, por cierto, Nakadai volverá a ser el rival más peligroso del protagonista, pero ahora con un registro diferente, con un samurái modelo, cuya muerte también fue muy comentada. Tras recibir la estocada mortal, un gran chorro de sangre fluye de repente desde su pecho, debido a que aquel día el operario encargado de accionar el mecanismo del efecto estaba tan nervioso que se sobrepasó en su función; Kurosawa no le recriminó, sino todo lo contrario.

Nakadai mantuvo su camino al estrellato y es ahora uno de los rostros más importantes de la cinematografía japonesa y también del género sobre samuráis. Fue descubierto por Kobayashi mientras trabajaba en una tienda y con este director, así como con otros como por ejemplo Gosha Hideo, protagonizaría las mejores respuestas a las películas de samuráis firmadas por Kurosawa. Éste, que solamente le informó que tenía que actuar como una «serpiente» en Mercenario, volvería a trabajar con él en otros clásicos muy reconocidos, a la par que el ya convertido en leyenda cinematográfica completaba su currículo interpretativo con papeles en el yakuza eiga. Se dice que labró una buena amistad con Mifune.

A despecho de su «originalidad inflada», Yojimbo es una joya y no sólo lo es por el trabajo coral de los actores, sino también por los recursos técnicos empleados por los operadores. Kurosawa solía (y podía) valerse de tres cámaras a la vez para no interrumpir a los intérpretes y filmar a éstos desde diferentes ángulos. Aquí, sin embargo, ordenó a los directores de fotografía que concretaran sus faenas desde diferentes posiciones, con independencia y filmando momentos diferentes.

En puridad, el largometraje se conforma con los resultados obtenidos y por lo tanto a veces parece que no hay una coherencia estilística. Por ejemplo, de una secuencia filmada con profusión del blanco y negro, se pasa a otras donde se juega con las luces. O se intercalan primeros planos de personajes con grandes planos generales de los exteriores, para luego volver a una composición de rostros si cuerpo. De esta manera, es fácil reconocer los nombres que están detrás de cada filmación. Las secuencias más oscuras, como la huída de Sanjuro tras haber sido apresado y golpeado por sus enemigos, fue firmada por Miyagawa Kazuo, que es el único operario que es mencionado en los títulos de crédito, si bien, en sus propias palabras, él mismo recomendó a Kurosawa que se utilizase sobre todo las tomas conseguidas por Saito Takao.

Con todo, tanto el filme como hasta el diseño del protagonista no estarían completos sin la aportación sonora de Satō Masaru, que llevó su apetencia por el anacronismo hasta su máxima expresión, componiendo una banda sonora basada en la obra de su amado Henry Mancini. Cada movimiento de Sanjuro es precedido de un riff que se convierte en su seña de identidad y que se ajusta a un hit que aún hoy en día, gracias a su melodía de órganos e instrumentos de percusión y de aire, se presenta como moderno e imperecedero. La banda sonora es una genialidad pero otra vez no puede desembarazarse de su ligazón con el jazz extraviado que los largometrajes de cine negro de la Nikkatsu estaban popularizando desde hacía diez años antes. 

El trabajo de Sato es clave en el uso que Ennio Morricone esgrimirá para aportar al spaghetti western una banda sonora particular, el sonido que presenta a los personajes y en el que bascula la planificación de los duelos. Todo Yojimbo es en realidad la fuente principal de la que bebe este género de pistoleros nacido en Italia, sobre todo a raíz del éxito de un clásico como Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964), con el que el director Sergio Leone se labraba un nombre entre los grandes precisamente por plagiar de una forma descarada el largometraje japonés de Kurosawa. En efecto; los productores Arrigo Colombo y Giorgio Papi habían intentado comprar los derechos de Mercenario pero al no conseguirlos, decidieron realizar el filme siguiendo una típica estratagema italiana: cambiar el título, los nombres de los personajes y el enclave, para hacer pasar el plagio como propuesta original.

En este caso, Por un puñado de dólares es una imitación exacta, secuencia por secuencia, donde hasta la interpretación de Clint Eastwood, que también se haría celebre internacionalmente a partir de aquí, debe todo al anti-héroe propuesto por Mifune (la caricia de la perilla, o la bufanda que, en Yojimbo, tenía un origen escocés y era lucida por Nakadai para esconder su largo cuello).

Kurosawa estaba tan enfadado que remitió una misiva a Leone donde venía a decir: «Signore Leone, me gusta mucho su película, pero es mi película». Se dice que Leone, extasiado de que un director célebre le hubiera escrito una carta, iba enseñando ésta por ahí con una sonrisa en la boca, sin pararse a pensar que se le estaba acusando de estafador.

El italiano, sus productores y Eastwood fueron demandados por Kurosawa, la Toho y varias distribuidoras. Los juicios sólo terminaron cuando se llegó al acuerdo de que el japonés cobraría el 15 % de lo que recaudase Por un puñado de dólares. En esos momentos, tanto un filme como el otro, además del propio affaire, se ayudaron mutuamente a consolidar su renombre como piezas transgresoras de sus respectivos géneros, lo que es cuando menos muy divertido. Yojimbo, el filme que cambió el cine de samuráis y Por un puñado de dólares, su plagio, la cinta que transformó el cine del Oeste producido en Europa.

Leone, Eastwood y Morricone seguirían explotando la percepción del samurái anti-héroe y del ocaso presentado por Kurosawa en una trilogía completada por las infinitamente mejor La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in più, 1965) y El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966), a la par que el spaghetti western se modelaba con los preceptos de estos filmes y de Yojimbo. Por ejemplo, Django (1966) de Sergio Corbucci, otra pieza indispensable del género, guarda en su argumento varias referencias más a la cinta de Kurosawa.


27 de febrero de 2026

Curiosidades de “El Resplandor”, 1980

 


Próximo a cumplir 46 años de estrenada, “El Resplandor” de Stanley Kubrick les traemos 5 curiosidades de este excelente filme.

1- La icónica escena en la que un baño de sangre sale por entre las puertas del ascensor tardó cerca de un año en planificarse y producirse, pero sólo tres días en ser rodada.

2- Danny Lloyd, el niño que dio vida a Danny, no tenía ni idea de que estaba rodando una película de terror. De hecho, él estaba convencido de que lo que estaba haciendo es un drama. 

3- Jack Nicholson tenía experiencia con el hacha antes del rodaje gracias a sus días como voluntario del cuerpo de bomberos. Por ello, en las primeras tomas de la célebre escena en la que destroza la puerta del lavabo en el que se encierra Wendy, que se rodaron con una puerta de utilería, el actor acabó con demasiada facilidad con su objetivo. Es por ello que se tuvo que suplantar la puerta de por una de verdad.

4- Uno de los aspectos más discutidos de la película en España fue el doblaje,considerado uno de los peores de la Historia. Lo que no todo el mundo sabe es que era el propio Kubrick quien seleccionaba a los actores de doblaje de sus películas, eligiendo a aquellos cuyas voces más se asemejaran a las de los intérpretes originales. Por si fuese poco, el director estadounidense se rodeó de dos celebridades españolas: Carlos Saura y Vicente Molina Foix, para que dirigiesen el doblaje y escribieran la traducción respectivamente. Joaquín Hinojosa y Verónica Forqué dieron voz a Jack y a Wendy. 

5- Durante el rodaje  la escena en la que la cámara sigue al triciclo de Danny por los pasillos del hotel marcó un antes y un después en el cine. Garret Brown, el inventor de la Steadicam, trabajó de forma personal con Kubrick para crear una versión adaptada que pudiera moverse a pocos centímetros del suelo sin perder estabilidad. La cámara se desplazaba por un laberinto de alfombras y pisos de madera reales, y el sonido del triciclo cambiando de superficie —silencio sobre la alfombra, rugido en el piso— se registró directamente en el set, no se agregó después. Kubrick quería que el espectador “sintiera” el espacio, no solo lo viera. Para lograr las curvas perfectas, Brown caminaba hacia atrás mientras operaba el equipo, y los asistentes lo guiaban con cuerdas para evitar que chocara con paredes. Fue una coreografía técnica tan precisa que, desde entonces, la Steadicam se volvió un estándar en Hollywood. Todo lo que hoy parece fluido y moderno nació de ese paseo infantil dentro del hotel Overlook.


24 de febrero de 2026

El Ultimo tango en Paris, 1972


Muy pocas personas de mi generación logró ver esta película sin cortes. No recuerdo exactamente la fecha pero en Cuba se exhibió por primera vez en el espacio televisivo Toma 1 con los comentarios de Antonio Mazón Robau  después del año 2000 y, contrario a lo que le habían prometido, hubo muchas escenas truncadas. Yo logré verla mucho antes en una sesión de nuestro Cine Club en Matanzas con una copia íntegra facilitada por la Cinemateca de Cuba. 

El controvertido filme se estrenó en la clausura del  Festival de Cine de Nueva York el 14 de octubre de 1972, con una gran demanda y una enorme controversia del público. La película no se proyectó para la prensa debido a la preocupación de que se exhibiera en contra de la ley italiana después de que los censores italianos no aprobaran la película. La falta de proyecciones aumentó la demanda de la película y algunos ofrecieron 100 dólares para comprar una entrada.

La película se estrenó a finales de 1972 en Francia, donde los espectadores hicieron colas de dos horas durante el primer mes de exhibición en los siete cines en los que se proyectó.  Obtuvo críticas positivas unánimes en todas las publicaciones francesas importantes.  Para eludir la censura estatal española, miles de españoles recorrieron cientos de kilómetros para llegar a los cines franceses de Biarritz y Perpiñán donde se proyectaba la película (incluso subtitulada en castellano para el público español).  A continuación, se estrenó en Estados Unidos, Gran Bretaña y otros lugares.

La película se estrenó el 1 de febrero de 1973 en el Trans-Lux East de Nueva York con un precio de entrada de 5 dólares y unas ventas anticipadas de 100 000 dólares,  consiguiendo 41 280 $ en su primera semana. El frenesí mediático que rodeó a la película generó un intenso interés popular, así como una condena moral, y la película fue objeto de portadas tanto en la revista Time como en Newsweek.  Playboy publicó un reportaje fotográfico de Brando y Schneider "retozando desnudos". 

Después de que los funcionarios del gobierno local fracasaran en prohibir la película en Montclair, Nueva Jersey, los asistentes al teatro tuvieron que abrirse paso entre una turba de 200 residentes indignados, que lanzaron epítetos como "pervertidos" y "homosexuales" a los asistentes. Más tarde, una amenaza de bomba interrumpió temporalmente la proyección.  La sección neoyorquina de la Organización Nacional de Mujeres denunció la película como una herramienta de "dominación masculina".

El escándalo de la película se centró sobre todo en una escena de violación anal, en la que Paul utilizaba mantequilla como lubricante.  Según Schneider, la escena no estaba en el guion original, sino que fue idea de Brando.  Otros críticos se centraron en el momento en que el personaje de Paul le pide a Jeanne que le introduzca los dedos en el ano, y luego le pide que le demuestre su devoción, entre otras cosas, teniendo sexo con un cerdo.  Fue calificada como "la película más poderosamente erótica jamás realizada, y puede resultar ser la más liberadora jamás realizada". 

Los censores británicos redujeron la duración de la secuencia de sodomía antes de permitir el estreno de la película en el Reino Unido,  aunque no se corta en los estrenos posteriores. Fue censurada en España durante el franquismo y no se estrenó hasta diciembre de 1977.  Chile prohibió por completo la película durante casi treinta años bajo su gobierno militar,  y la película fue igualmente suprimida en Portugal, hasta la Revolución de los Claveles en 1974, cuando su estreno se convirtió en un ejemplo de la libertad que permite la democracia.  Lo mismo ocurrió en Brasil durante el periodo de dictadura militar cuando la película fue censurada, hasta que finalmente se estrenó en 1979.  Otros países que la prohibieron fueron Argentina,[ Corea del Sur,  Singapur, Cuba y Venezuela. 

En Australia, la película fue estrenada sin cortes con clasificación R por la Junta de Clasificación Australiana el 1 de febrero de 1973. El 1 de enero de 1987, Warner Home Video publicó la película en VHS con la misma clasificación, prohibiendo la venta o el alquiler a menores de 18 años.[79]

Tras el estreno de la película, se inició un proceso penal en Italia contra la película por pansexualismo agravado y gratuito. La sentencia final del Tribunal de Apelación), dictada el 29 de enero de 1976, ordenó que la película fuera confiscada por la comisión de censura y que se destruyeran todas las copias. Procedimientos criminales fueron llevados contra Bertolucci en Italia por la escena de sexo anal. Una corte italiana revocó los derechos civiles de Bertolucci por cinco años y le dieron una sentencia suspendida de dos meses de prisión al guionista Franco Arcalli, el productor Alberto Grimaldi, el director Bernardo Bertolucci y Marlon Brando. 

Controvertida escena de violación.

La película contiene una escena en la que Paul (Brando) viola analmente a Jeanne (Schneider) utilizando mantequilla como lubricante. Aunque la violación es simulada, ella ha dicho que le provocó un efecto tremendamente negativo. En una entrevista en 2006, afirmó que no estaba en el guion y que "cuando me lo dijeron, tuve un arranque de furia. Woo! Lo tiré todo. Y nadie puede forzar a alguien a hacer algo que no está en el guion. Pero no sabía eso, era muy joven". En 2007, recontó los sentimientos de humillación derivados de la escena:

Solo me dijeron sobre eso antes de tener que filmar la escena y estaba tan enojada. Debería haber llamado a mi agente, o haber hecho que venga mi abogado al set porque no se puede forzar a alguien a hacer algo que no está en el guion, pero en el momento, no sabía eso. Marlon me dijo: "María, no te preocupes, es solo una película", pero durante la escena, por más que lo que estuviese haciendo Marlon no fuese real, estaba llorando lágrimas reales. Me sentí humillada y, para ser sincera, me sentí un poco violada, tanto por Marlon como por Bertolucci. Tras la escena, Marlon no me consoló ni se disculpó. Gracias a Dios hubo solo una toma. 

Schneider también dijo que la realización de la película «arruinó su vida» y que era el único arrepentimiento de su vida,  y que considera a Bertolucci un «gánster y un proxeneta». En 2011, Bertolucci negó que le hubiera «robado su juventud» (ella tenía diecinueve años en el momento de la filmación), y comentó: «La chica no era lo suficientemente madura para entender qué estaba sucediendo». Schneider siguió siendo amiga de Brando hasta su muerte en 2004, pero nunca se reconcilió con Bertolucci. Ella también reclamaba que Brando y Bertolucci «hicieron una fortuna» con la película mientras que ella ganó muy poco dinero. 

En septiembre de 2013 Bertolucci habló de nuevo sobre la escena en una retrospectiva en la Cinémathèque Française, diciendo que la escena estaba en el guion, pero el uso de la mantequilla no estaba. Bertolucci dijo que él y Brando «acordaron no decirle nada a María para obtener una repuesta más realista».

El director de fotografía Vittorio Storaro ya había trabajado con Bertolucci en El conformista y a menudo utilizó un tono azulado en la película. Storaro dijo más tarde a un periodista que...después de El conformista tuve un momento de crisis; me preguntaba: ¿qué puede venir después de Azul? Necesitábamos otro tipo de emoción... Fue el caso de El último tango. Para El último tango en París, Bertolucci y Storaro se inspiraron en los cuadros de Bacon utilizando "naranjas intensos, grises claros y fríos, blancos helados y rojos ocasionales combinados con las elecciones de buen gusto de Bertolucci de marrones suaves, marrones rubios y blancos delicados con matices azulados y rosados".

Como en sus anteriores películas, Brando se negó a memorizar sus líneas para muchas de las escenas. En su lugar, escribió sus líneas en tarjetas de entrada y las colocó en el set, dejando a Bertolucci con el problema de mantenerlas fuera del marco de la película. Durante su largo monólogo sobre el cadáver de su esposa, por ejemplo, el hecho de que Brando levante los ojos hacia arriba no es una actuación dramática espontánea, sino una búsqueda de su siguiente tarjeta de entrada.  Brando preguntó a Bertolucci si podía "escribir líneas en el trasero de María", lo que el director rechazó.

Brando recibió una nominación al Oscar por Mejor actor principal y Bertolucci fue nominado por Mejor director.

Estas son algunas de las películas eróticas consideras las mejores la historia: 

 1. 'Love' (2015)

2. 'Y tu mamá también' (2001)

3. 'Eyes Wide Shut' (1999)

4. 'Instinto básico' (1992)

5. 'La vida de Adèle' (2013)

6. 'El último tango en París' (1972)

7. 'Criaturas Salvajes' (1998)

8. 'Babygirl' (2024)

9. 'Pobres criaturas' (2024)

10. 'Saltburn' (2023)

11. 'El imperio de los sentidos' (1976)

12. 'Terciopelo azul (1986)'

13. 'Crash' (1996)

14. 'La bella mentirosa' (1991)

15. 'El duque de Burgundy' (2014)

16. 'La doncella '(2016)

17. 'Secretary' (2002)

18. 'Benedetta' (2021)

19. 'Habitación en Roma' (2010)

20. 'Los Soñadores' (2003)

Ficha Técnica

Director: Bernardo Bertolucci.

Año: 1972.

Guion: Bernardo Bertolucci, Franco Arcalli.

Producción: Alberto Grimaldi.

Fotografía: Vittorio Storaro.

Música: Gato Barbieri.

Reparto Principal:

o Marlon Brando como Paul.

o Maria Schneider como Jeanne.

o Jean-Pierre Léaud como Tom.

o Massimo Girotti como Marcel.


16 de febrero de 2026

Tiburón, 1975

Es Steven Spielberg, director de la cinta Tiburón, el responsable de que toda una generación piense dos veces antes de introducir sus pies en el mar y es que explota nuestro miedo a lo desconocido de una manera notable y no nos muestra “el personaje del miedo”, nos va introduciendo el suspenso desde los primeros minutos con movimientos de cámara y la magistral música de John Williams.

La mayor parte de la película se filmó en la isla de Massachusetts. Fue un rodaje accidentado que sobrepasó el presupuesto inicial y el calendario previsto. Hubo problemas con la réplica mecánica del tiburón y el director Spielberg se vio obligado en muchas de las escenas a sugerir la presencia del escualo en lugar de mostrarlo, apoyado para ello en un tema musical minimalista e inquietante creado por el compositor John Williams que indica las inminentes apariciones del depredador. Muchos, incluso el propio director de la película, han comparado este enfoque sugestivo con el de los clásicos filmes de suspense del director Alfred Hitchcock. La película se estrenó en una cantidad de salas de cine excepcionalmente alta para la época, más de 450 en Norteamérica, y la acompañó de una enorme y efectiva campaña publicitaria con un gran énfasis en anuncios de televisión y mercancía asociada.

Considerada una de las mejores películas de la historia del cine, Tiburón es el prototipo de «taquillazo» cinematográfico  y su estreno se recuerda como un verdadero hito del séptimo arte. Fue la producción con mayor recaudación hasta el estreno de Star Wars en 1977. Recibió numerosos premios a su banda sonora y montaje, y junto a Star Wars, Tiburón fue el punto de partida del sistema de negocio del Hollywood moderno, que gira en torno a películas de acción o aventura basadas en premisas sencillas, que se estrenan en verano rodeadas de grandes campañas publicitarias y en muchas salas de cine para intentar asegurar su éxito entre el público. A Tiburón siguieron tres secuelas, ninguna con participación de Spielberg o Benchley, y numerosos filmes que la imitaban. En 2001, la película fue seleccionada por la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos para ser preservada en el Registro Nacional de Cine por ser «cultural, histórica o estéticamente significativa».

La productora Universal gastó 1,8 millones de USD en la promoción de Tiburón, 700 000 de los cuales se destinaron a una campaña televisiva sin precedentes.  El bombardeo mediático incluyó una veintena de anuncios de medio minuto que se emitieron de noche, en horario de máxima audiencia, entre el 18 de junio de 1975 y el estreno de la película dos días después.  Más allá de eso, el experto en la industria del cine Searle Kochberg afirma que Universal «ideó y coordinó un plan muy innovador para la comercialización de la película». Ya en octubre de 1974 Zanuck, Brown y Benchley habían aparecido en programas de televisión y radio para promocionar el libro Tiburón y su próxima adaptación al cine.  El estudio y la editorial Bantam llegaron a un acuerdo para utilizar la misma imagen tanto en la cubierta del libro como en el cartel cinematográfico.  Las piezas centrales de la estrategia conjunta de promoción fueron el tema musical creado por John Williams y el póster promocional en que se ve la cabeza de un enorme tiburón que se dirige hacia una incauta bañista. Este famoso póster se basó en la cubierta del libro de Benchley, ambos elaborados por un artista de la editorial Bantam, Roger Kastel.  La agencia publicitaria Seiniger tardó seis meses en diseñar el cartel del filme. Su director Tony Seiniger dijo sobre el famoso cartel: «No importa lo que hiciéramos, no se veía lo suficiente aterrador». Por ello, decidió finalmente que había que mostrar la parte inferior del escualo para que se vieran sus enormes dientes. 

Para aprovechar el estreno de la cinta se crearon numerosos productos publicitarios y comerciales que se inspiraban en ella. Graeme Turner escribió en 1999 que Tiburón estuvo acompañada del que probablemente fuera «el mayor conjunto de productos asociados» de cualquier película hasta la fecha, «lo que incluía el álbum de la banda sonora, camisetas, vasos de plástico, un libro sobre la filmación de la película, la novela en que se basaba, toallas de playa, mantas, disfraces y muñecos de tiburón, juegos, carteles, pijamas, pistolas de agua, collares de dientes de tiburón y más». 

La protagonista de la película es la Banda sonora de John Williams trabajo que le valió un Óscar a la mejor banda sonora y que tiempo después fue colocado en el sexto lugar en una lista de las mejores bandas sonoras elaborado por el American Film Institute.  El celebérrimo tema principal es una simple alternancia de dos notas musicales que se ha convertido en una pieza clásica de música de suspense, sinónimo de un peligro muy próximo. La pieza fue interpretada a la tuba por Tommy Johnson. Cuando Johnson le preguntó a Williams por qué había compuesto la melodía en un registro tan alto y por qué no la interpretaba un instrumento más apropiado, como la trompa, este le respondió que quería «que sonara un poco más amenazante». Cuando Williams le mostró por primera vez la melodía al director, tocando las dos únicas notas en un piano, Spielberg afirma que rio pensando que era una broma. Como Williams vio similitudes entre Tiburón y las películas de piratas, en otros fragmentos evocó «música de piratas», que él definió como «primitiva, pero divertida y entretenida». Con rápidos encadenados de percusión, la banda sonora contiene también ecos de La consagración de la primavera de Ígor Stravinski. 

Existen varias interpretaciones sobre el significado y la eficacia del tema musical principal de Tiburón, que es ampliamente descrito como uno de los temas cinematográficos más reconocibles de todos los tiempos.  El erudito de la música Joseph Cancellaro propone que el sonido producido por las dos notas imita los latidos del corazón del tiburón.  Según Alexandre Tylski, esta música sugiere la respiración humana, del mismo modo que la que Bernard Herrmann creó para Taxi Driver, North by Northwest y La isla misteriosa. Sostiene además que el motivo más fuerte de la partitura es en realidad «la división, la ruptura» —cuando se corta dramáticamente tras la muerte de Chrissie. La banda sonora también aprovecha de forma inteligente la relación entre el sonido y el silencio: los espectadores son condicionados a asociar al tiburón con su tema,  algo que se explota en el clímax final de la película, cuando el animal aparece sin introducción musical.[71]

Spielberg dijo más tarde que sin la partitura de Williams la película habría tenido la mitad de éxito, y el propio Williams admite que catapultó su carrera.  Williams ya había puesto música al debut de Spielberg, The Sugarland Express, y desde entonces ha colaborado con él en todas sus películas excepto en El color púrpura y en Ready Player One. La banda sonora original de Tiburón fue puesta a la venta por MCA Records en 1975, y en 1992 apareció en CD incluyendo casi una hora y media de música que Williams rehízo para el álbum. 

Tiburón recaudó 7 millones de USD en su primer fin de semana y había recuperado sus costes de producción en solo dos semanas.  Después de 78 días en los cines superó a El padrino como la película más taquillera de la historia en Estados Unidos,  con 100 millones en su recaudación que superaban los 86 obtenidos por la película de Francis Ford Coppola. En su estreno original recaudó 123,1 millones, y con sus reestrenos en 1976 y 1979 alcanzó la cifra de 133,4. 

La película se estrenó internacionalmente en diciembre de 1975[ y obtuvo idéntico éxito, rompiendo récords en Singapur, Nueva Zelanda, Japón, España y México.  En 1977 Tiburón ya era la película más taquillera en todo el mundo, con 193 millones en ganancias, lo que hacía ascender sus ingresos hasta un total de 400 millones.  Con ello superaba ampliamente los 145 millones que había obtenido El padrino pocos años antes. 

Tiburón ganó tres premios Óscar: mejor montaje, mejor banda sonora y mejor sonido.

Ficha Técnica:

Título: Jaws (Tiburón, 1975)

Dirección: Steven Spielberg

Producción: David Brown, Richard Zanuck

Guion: Peter Benchley, Carl Gottieb

Música: John Williams

Fotografía: Bill Butler

Montaje: Verna Fields

Protagonistas: Roy Scheider, Robert Shaw,

                        Richard Dreyfuss, Lorraine Gary

12 de febrero de 2026

Hasta que le llegó su hora, 1968

Foto del autor. Captura de pantalla
Desde que la vi por primera vez en los años 70 me di cuenta que estaba ante una obra maestra, título que ganó posteriormente a su estreno y con el tiempo se fue engrandeciendo hasta ocupar un lugar cimero en el género western. Se trata de la película Hasta que le llegó su hora de 1968 y del director italiano Sergio Leone.

 El filme es posterior a la llamada trilogía del dólar del mismo director, formada por las películas:

  • Por un puñado de dólares , 1964
  • Por unos dólares más , 1965
  • El bueno, el feo y el malo, 1966.

En las tres coinciden junto con Leone el joven actor estadounidense Clint Eastwood, que interpreta a personajes diferentes pero que encajan en el mismo arquetipo de antihéroe anónimo, y las bandas sonoras compuestas por el compositor italiano Ennio Morricone.

Las tres películas giran alrededor del personaje interpretado por Eastwood, algunas veces conocido como Blondie («Rubio»), o Manco, pero, en general, carente de nombre. Con él se dibuja el prototipo del Hombre sin nombre: el mismo poncho, la misma ropa, el mismo sombrero, el mismo semblante.

En la trilogía, Leone cuida que las películas generen el mismo ambiente: diálogos breves, además de escenas particularmente largas y musicadas que terminan en un emocionante clímax. Dato curioso es que Por un puñado de dólares se inspiró fuertemente en la trama y estilo de Yojimbo de Kurosawa sin adquirir los derechos, lo que derivó en una demanda exitosa por parte del director japonés y este recibió el 15% de los ingresos de taquilla y que representaron más que por la exhibición de la propia película original de Kurosawa

La película Hasta que le llegó su hora tiene, a mi juicio, varios aspectos que la hacen grande y digna de ver, a saber:

- Escenografía. Diseñada por Carlo Simi, destaca por su realismo y monumentalidad en el desierto de Almería, España, representando el Viejo Oeste con icónicos sets como el Rancho McBain (Rancho Leone), el poblado de Flagstone y una estación de tren construida específicamente para el rodaje. 

La Estación de Tren se construyó una vía de tres kilómetros y se trajo una locomotora real desde Phoenix, Arizona, para filmar en el desierto.

- Banda Sonora. La música fue inusualmente compuesta y grabada antes de la filmación, permitiendo que Sergio Leone rodara muchas escenas al ritmo de ella. Fue compuesta por Ennio Morricone y es reconocida como una de las mejores de la historia del cine.

- Varias escenas cuidadosamente montadas. En la película hay 3 escenas muy bien logradas desde todos los puntos de vista:

La escena inicial es una secuencia magistral y prolongada de casi 15 minutos sin apenas diálogos, centrada en la tensión y la espera. Tres pistoleros aguardan la llegada de un tren en una estación remota, eliminando a cualquiera que se interponga. Cuenta con una buena fotografía, con planos panorámicos, primeros planos y también el plano detalle. La banda sonora aporta realismo y ritmo a esta escena. 

La escena de la muerte de la familia McBain. Sobresale la inserción de la música, la ambientación y la escenografía logrando un realismo excepcional.

La escena final: Representa el climax del filme a través del duelo definitivo entre  Armónica (Charles Bronson) y Frank (Henry Fonda) tras revelarse que buscaba venganza por la muerte de su hermano. La secuencia está lograda con la introducción de una pequeña retrospectiva para saber el porqué del duelo. Igualmente la música juega su importante papel en el desarrollo de la secuencia.

- Muy buenas actuaciones. Henry Fonda (Frank): Rompió su imagen de héroe honesto para interpretar a un asesino a sangre fría, siendo uno de los antagonistas más memorables del cine.

- Charles Bronson (Harmónica): Aporta una presencia silenciosa y amenazante como un misterioso pistolero en busca de venganza.

- Claudia Cardinale (Jill McBain): Aporta fuerza y humanidad como la viuda que lucha por un nuevo futuro en el oeste.

- Jason Robards (Cheyenne): Ofrece una actuación carismática como el bandido astuto y leal.

- Gabriele Ferzetti (Morton): Interpreta al magnate ferroviario ambicioso y físicamente débil que contrata a Frank. 

La película es reconocida por su ritmo pausado, primeros planos intensos y la magistral banda sonora de Ennio Morricone, que potencia el impacto dramático de las actuaciones. 


5 de febrero de 2026

El Padrino. 1972

 Pocas películas definen la grandeza del cine como lo hace El Padrino. Esta obra maestra, estrenada en 1972, trasciende las fronteras del género de gánsteres para convertirse en una meditación profunda sobre el poder, la familia y, fundamentalmente, el sueño americano corrompido.

Bajo la dirección del entonces novel Francis Ford Coppola, la cinta nos introduce en la compleja y turbulenta vida de la familia Corleone. Su patriarca, Vito Corleone, es una figura imponente cuyo negocio familiar se asienta en la compleja red de la protección y la influencia.

El filme se centra en la inevitable y trágica línea de sucesión que recae sobre Michael Corleone, el hijo menor, inicialmente reacio a participar en los negocios oscuros. Su transformación es el núcleo dramático que sostiene toda la producción.

La dinámica de El Padrino es medida y envolvente. Coppola dedica tiempo invaluable a construir personajes con tantas capas que el espectador llega a conocerlos íntimamente, sintiendo el peso de sus decisiones.

Esta producción va mucho más allá de las escenas de acción o las típicas tramas de la mafia. Se configura como una saga épica de inmigrantes, ambientada en la bulliciosa Nueva York de la posguerra, mostrando la brutalidad inherente a la búsqueda del éxito.

El ritmo de la cinta es deliberado, reflejando la gravedad de las consecuencias de cada acto de violencia o traición. No es solo una película de crimen, sino un profundo estudio de la moralidad y la lealtad dentro de un clan.

Los temas centrales son universales: la preservación del legado familiar y el coste de mantener el poder. Es una exploración de cómo el sistema, aunque corrupto, exige obediencia y compromiso total.

Francis Ford Coppola, a pesar de la juventud, demostró una madurez asombrosa al abordar la novela de Mario Puzo. Su enfoque no fue el de un simple drama criminal, sino el de una tragedia shakesperiana. La estética visual es fundamental. La cinematografía de Gordon Willis, apodado el "Príncipe de la Oscuridad", utiliza sombras profundas y una paleta de colores ocres para crear una atmósfera densa y ominosa, casi claustrofóbica.

Coppola emplea con inteligencia el contraste entre los momentos íntimos familiares, como la famosa secuencia de la boda inicial, y los inevitables estallidos de violencia que marcan el destino de los Corleone. La adaptación de la novela de Puzo es muy buena, de ahí que el guión sea enriquecido en textos y diálogos perfectamente insertados. El libreto consigue equilibrar la brutalidad del negocio con la emotividad de los lazos de sangre. La forma en que la cinta maneja las elipsis temporales y los saltos geográficos resulta crucial para la sensación de historia épica

El reparto de esta cinta es legendario. La interpretación que Marlon Brando hace de Vito Corleone, con esa voz áspera y ese control corporal, es uno de los pilares de la historia del cine. Igualmente, trascendental es la interpretación de Al Pacino como Michael. Su evolución, desde el joven héroe de guerra hasta el frío y calculador capo, es una de las transformaciones más convincentes vistas en pantalla. Todo el elenco, incluido James Caan y Robert Duvall, dotan a sus personajes de una humanidad compleja, permitiendo que el espectador simpatice incluso con sus acciones más reprobables. La química entre ellos es palpable.

El Padrino no solo fue un éxito de crítica, que le otorgó el Oscar a mejor película, sino también un fenómeno de taquilla. Se convirtió rápidamente en la película más vista de su época, consolidando la reputación de Coppola como visionario.

El impacto cultural de esta producción es incalculable. Estableció un nuevo estándar de sofisticación para las historias de crimen, elevándolas de simples películas de género a dramas complejos y épicos.

Muchas de sus líneas de diálogo y metáforas se han integrado en el lenguaje cotidiano. El filme sentó las bases no solo para sus secuelas, sino para todo el cine de gánsteres que vino después, desde Martin Scorsese hasta las series televisivas modernas.

La cinta es consistentemente clasificada entre las mejores películas jamás hechas. Ver El Padrino es esencial para entender la evolución del cine moderno y la grandeza narrativa.

El filme tuvo 11 nominaciones al Oscar en 1973 y finalmente obtuvo 3: Mejor película (Albert S. Ruddy), Mejor Actor de Reparto (Marlon Brando) y Mejor Guión Adaptado (Mario Puzo, Francis Ford Coppola)

 Ficha Técnica.

Titulo Original: The Godfather.

Director: Francis Ford Coppola

Año: 1972

Reparto: Marlon Brando, Al Pacino, James Caan, Robert Duvall

Guión: Mario Puzo, Francis Ford Coppola

Fotografía: Gordon Willis

Música: Nino Rota