Hay películas que dejan huellas, que son recordadas con cariño, que uno puede ver repetidas veces porque siempre hay en ellas nuevos descubrimientos, emociones renovadas, vivencias inesperadas y preguntas que inquietan y que nunca se acaban de responder.
Mis colegas de Matemáticas, a los cuales dedico este artículo, inquietos por el conocimiento, las ciencias y las artes, no dejan pasar este filme sobre John Nash, matemático y premio Nobel de economía que se atrevió a proponer un esquema revolucionario para plantear los funcionamientos idealizados de las relaciones humanas en cuanto cuáles son sus puntos óptimos de comportamiento. La historia comienza en los primeros años de vida de un joven prodigio que comienza a desarrollar una esquizofrenia paranoide y a sufrir delirios, mientras ve penosamente cómo esto afecta a su condición física, a sus relaciones familiares y amistosas.
A Beautiful Mind, 2001, (Una mente maravillosa) es un filme basado en una polémica biografía de Sylvia Nashar sobre el matemático y premio Nobel de Economía John Forbes Nash. El film de Ron Howard tampoco es fiel absolutamente al relato de Nashar. Y vistos los comentarios, lo mejor es ver la película como una historia independiente, sin preocuparse de su lazo con la realidad. Con este punto de partida, el film enarbola valores como la lucha por la superación o el amor fiel, bajo un guion sólido y, al mismo tiempo, sembrado de lógicas -en un film de vocación comercial- concesiones a los sentimientos. No obstante, el trabajo de Howard es inteligente: no cae en un sentimentalismo insultante y tampoco nos golpea con muestras desgarradoras de esta enfermedad, que muchas veces son una estrategia publicitaria.
En la línea narrativa, también ofrece escenas brillantes que explican con viveza y verosimilitud el carácter de Nash y la pesadilla de la esquizofrenia. Sin estridencias y llenas de matices; así son las interpretaciones que han ayudado en mucho al éxito comercial y artístico de Una mente maravillosa
La historia se desliza en buena parte por los recintos sagrados de las prestigiosas universidades norteamericanas, concretamente por Princeton, el venerable centro en uno de cuyos institutos enseñó Einstein. Es un ambiente en el cual compiten los mejores, en medio de edificios de aspecto medieval, jardines y prados bellamente cuidados, elegantes salas de estudio y bibliotecas de corte tradicional; pero también de bares estudiantiles, de bromas pesadas y de conversaciones en las que se mezclan la inteligencia aguda y la banalidad superficial y ligera. Podríamos decir que es un ambiente de ensayo y error, en el cual dominan la actuación y el teatro de tal manera que es muy posible que lo que se diga y lo que se experimente, tengan doble sentido.
Este es un mundo desafiante, a la vez perfecto e imperfecto, para la mente brillante de Nash, magistralmente interpretado por Russell Crowe, que personifica las dudas, los temblores nerviosos y las dificultades del joven y brillante estudiante, distinto a todos en todo, siempre rompiendo esquemas, pero en medio de la dualidad, oscilando entre una manifiesta inseguridad y ocasionales momentos de brillo en los cuales todo se ve claro, evidente y diferente.
Entonces ocurre la instancia absolutamente teatral en la vida del ya afamado matemático: la creación ilusoria de un mundo nuevo, con personajes y escenarios de realismo absoluto que solo son vistos por él mismo y que lo van llevando hacia la locura esquizofrénica. A partir de estas experiencias extrañas se va tejiendo la vida profesional y familiar del personaje, como una mezcla de genialidad y tontería que nos podría desesperar si supiéramos lo que está pasando. Pero la realidad es que tardamos en enterarnos del juego teatral que es la existencia del protagonista y nos dejamos llevar, como él, por las peripecias de su doble vida: la de hombre de hogar, enamorado y lleno de esperanzas, y la de espía internacional, atrapado por juegos de guerra y conspiraciones, atormentado y fatalista.
Ego real en el cual no se cree y alter ego imaginario que se vuelve real. Entre estas contradicciones se mueven la película y el personaje, hasta que asume el protagonismo decididamente, en ambas situaciones, su dulce esposa, personificada por Jennifer Connelly. Dispuesta a resolverlas y convencida de la inteligencia y de la cordura esenciales de su pareja, ella va descubriendo la trama que subyace en su mente perturbada y se la va narrando a él mismo, en escenas impactantes, hasta generar, a base de ensayos y de errores, una salida posible para escapar al manicomio y al abandono.
Es así como se cierra el círculo de una vida que pudo ser miserable y triste, pero en cambio se logró convertir en ejemplo de superación y de triunfo personal, académico, científico y familiar. En el fondo, ¿qué fue lo que pasó? Nos lo dice el personaje, cuando en medio de aplausos recibe el Premio Nobel de Economía en 1994 por sus aportes a la teoría de juegos y los procesos de negociación. Nos da a entender que una mente realmente poderosa es aquella que se abre a la más brillante y maravillosa de las ideas, que es la de la aceptación de la presencia y la importancia del amor como posibilidad real, que vale la pena experimentar. Como decía su esposa en algún momento memorable, invitándolo a que le tocara su cara: esto es lo real, la presencia cercana del que ama es lo real, es lo que es capaz de tornar la locura perturbadora en sanación, en vida que vale la pena vivir.
La película se estrenó en los cines de Estados Unidos el 21 de diciembre de 2001, recaudando más de 313 millones de dólares estadounidenses a nivel mundial. Además, ganó cuatro Premios Óscar: mejor película, mejor director, mejor actriz de reparto y mejor guion adaptado, siendo, asimismo, candidata en las categorías de mejor actor, mejor banda sonora, mejor montaje y mejor maquillaje. Igualmente, recibió 28 premios más y fue candidata a otros 51.
A Beautiful Mind fue favorablemente acogida por buena parte de los críticos, pero también negativamente por otros debido a algunos datos erróneos de la vida de Nash que se muestran en la película. Este es el punto en que hay que ver la película desde el punto de vista artístico y valorarla, disfrutarla. Desde el punto de vista biográfico debemos remitirnos a su biografía, a sus estudios y aportes a la matemática.
Ficha Técnica
Título Original: A Beautiful Mind
País: EUA. 2001
Dirección: Ron Howard
Guion: Akiva Goldsman (Basada en A Beautiful Mind de Sylvia Nasar)
Producción: Brian Grazer, Ron Howard
Fotografía: Roger Deakins
Música: James Horner
Reparto: Russell Crowe, Ed Harris, Jennifer Connelly, Christopher Plummer,
Paul Bettany, Adam Goldberg, Josh Lucas

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